Celebration Church

Day 1 - The Real Battle (Part 1)

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In every battle, there are strategies for defense, offense, use of troops, use of terrain, etc. As Christians, we constantly face battles… in our flesh, in our souls, and in our spirit. Some of these are battles we need to face, some belong to the Lord, but in all, God is –or should be– intimately involved.

These 21 days for fasting and prayer are a way for us to come to our Father, and purposely sit at His table –at His feet– to evaluate, strategize, plan, and align ourselves for our present and future battles.

God never intended for us to face situations alone, to fight the enemy, circumstances, or our flesh solely with our own strength and understanding. God wants to lead! He is calling us to these 21 days to come alongside of Him and remind us that He is a good Father, that He has good plans for us!

Ephesians 6:12 tells us that “we are not fighting against flesh-and-blood enemies, but against evil rulers and authorities of the unseen world, against mighty powers in this dark world, and against evil spirits in the heavenly places”. And the invitation is to put on God’s armor [not ours] … an armor that only can be found, received, and “put on” when we are in the very presence of God.

Our intent is not to consult God in our strategies, ask for His approval in the way we face our enemies, or even pursue a particular response or action from our “Commander in Chief”. We are simply drawing close to our good Father and allowing Him to reveal what He has for us.

Today, let’s simply put aside our pre-conceived plans, goals, and needs. Let’s lay aside our own weapons, strategies, even our very needs. Let’s start with a blank slate. Let’s approach God with the single purpose of letting Him know that we are willing and ready for what He has for us during this time. Let’s approach Him with empty tanks, expectantly ready to be filled with what He has planned for us for a time such as this.

Lord, today I am willing to put aside everything I thought I would bring to you during this time. I am willing to come before you ready to receive, ready to listen, ready for a change of plans, ready to be lead in a battle that –after all– belongs to you!

 

Día 1 – LA VERDADERA BATALLA (Parte 1)

Toda batalla tiene estrategias defensivas, ofensivas, para el uso de tropas, el uso del terreno, etc. Como cristianos, enfrentamos batallas constantemente: en nuestra carne, en nuestra alma y en nuestro espíritu. Algunas de estas batallas debemos enfrentarlas nosotros mismos, algunas pertenecen al Señor, pero en todas, Dios está –o debería estar– íntimamente involucrado.

Estos 21 días de ayuno y oración son una manera en que podemos acercarnos a nuestro Padre y sentarnos libremente en Su mesa, a Sus pies, para evaluar, elaborar estrategias, planificar y alinearnos a enfrentar nuestras batallas presentes y futuras.

Dios nunca tuvo la intención de que enfrentáramos la vida solos, o que lucháramos contra el enemigo, las circunstancias o nuestra propia carne con nuestra propia fuerza y ntendimiento. ¡Dios quiere liderarnos! Él nos invita en estos 21 días para que nos acerquemos a Él; Él quiere recordarnos que es un buen Padre y ¡que tiene buenos planes para nosotros!

Efesios 6:12 nos recuerda que “no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales”. Y la invitación incluye ponerse la armadura de Dios [no la nuestra]... una armadura que sólo se puede encontrar, recibir y “poner” cuando estamos en la presencia misma de Dios.

Nuestra meta no es consultar a Dios acerca de nuestras estrategias, o pedir su aprobación en la forma en que enfrentamos a nuestro enemigo, o incluso demandar una respuesta o acción particular de parte del Señor. Simplemente nos acercamos a nuestro buen Padre y le permitimos que nos revele lo que Él tiene para nosotros.

Hoy, dejemos de lado nuestras metas, necesidades y planes ya establecidos. Dejemos a un lado nuestras propias armas, estrategias, incluso nuestras propias necesidades. Comencemos con una pizarra en blanco. Acerquémonos a Dios con el único propósito de hacerle saber que estamos dispuestos y listos para lo que Él tiene para nosotros durante este tiempo. Acerquémonos a Él con tanques vacíos, expectantes, listos para ser llenos con lo que Él ya ha planeado para nosotros para este tiempo específico.

Señor, hoy estoy dispuesto a dejar de lado todo lo que pensé que te traería durante este tiempo de ayuno y oración. Estoy dispuesto a venir ante ti listo para recibir, listo para escuchar, listo para un cambio de planes, listo para ser liderado para una batalla que, después de todo, ¡te pertenece a ti!